lunes, 9 de abril de 2012

Testimonios de Semana Santa

La Semana Santa es sin duda uno de los momentos del año que más manifestaciones públicas concentra y que más han arraigado en la sociedad, por una parte por la señal identitaria que su significado posee, no es solo por el hecho religioso, muy importante en base, sino por el hecho cultural que forma parte de esa construcción del  individuo y cómo éste se manifiesta en un determinado grupo.

En Cogeces del Monte se funda, como en casi todos los pueblos castellanos, la cofradía de la Vera Cruz, cuyo desarrollo está en consonancia con la mentalidad contrarreformista, principalmente por la puesta en práctica de manifestaciones públicas de fe, fomento de la devoción mariana y sacramental, y especialmente hacia la Cruz, la imitación salvífica de Cristo y los dolores. Pero también, muy importante, es que se organizan de acuerdo a la estructura social del momento, el Antiguo Régimen. Al igual que el resto de cofradías fundadas durante los siglos XVI y XVII, durante el XIX entran en una decadencia que se agrava en el XX, con su desaparición en el caso nuestro.

En cuanto a las costumbres, actualmente poseemos el testimonio de los más mayores, que siempre lo recuerdan con mucho cariño, en ellas se ponen de relieve aquellos ritos en los que se requería una participación mayoritaria de los habitantes del pueblo: las procesiones, velas, sermones, Via Crucis o construcción del Monumento. Ha sido publicado en numerosas ocasiones el testimonio de Teodosio Arribas que escribía lo siguiente:


Si cualquier culto religioso rezuma fervor, piedad y devoción entre los hijos de Cogeces del Monte, los cultos, usos y costumbres de Semana Santa, siempre sobresalieron en respeto, amor y entusiasmo en ejecutar sus rancias tradiciones, que como la lluvia de rosas, ha embalsamado con su fragancia las almas enamoradas del "Mártir del Calvario". Almas, que encendidas en la fe y abrazadas en la caridad, siguieron las huellas del Redentor en sus procesiones, y los pasos dolorosos de la Santísima Madre, en la vía de sus amarguras y quebrantos.
Vamos pues, con la ayuda de Dios, a poner de manifiesto para recuerdo de muchos y memoria de todos, cómo se celebraba la Semana Santa en Cogeces cuando yo era niño y cómo se celebra hoy (ya pesan sobre mí 72 Semanas Santas).
Es cierto que nuestras procesiones no han sido, ni son, fecundas en pasos o esculturas: un Cristo yacente que el vulgo desde tiempo inmemorial viene llamando "Ecce Homo", una Dolorosa que siempre se la ha invocado con el de la Soledad, el Cristo del Penitente, llamado así por cargar siempre con él, el que viste de nazareno. Otro Cristo conocido por el de la Parroquia, una cruz de palo negra distinguida por la cruz de Bastos, otra cruz plateada, la cruz de la Parroquia, y un guión negro, que abre la marcha, desplegando al viento su crespón, emblema del dolor.
Todos estos son los pasos procesionales ante los cuales los fieles de Cogeces han desgranado sus mejores afectos en oraciones y penitencias los días de Semana Santa. Yo mismo he visto en estas procesiones, pies descalzos, lodados de polvo y barro por seguir las huellas de su Redentor en su vía dolorosa. He visto penitentes disfrazados con el hábito morado, el cordón ceñido y la capucha levantada simulando al nazareno. También he visto hombres de todas las edades, clases y condiciones cargar sobre los hombros el leño pesado de la cruz, a manera del Cirineo. No han faltado tampoco mujeres veladas con el manto de la caridad, verónicas decididas, que hollando el respeto humano siguieron a Jesús en el Calvario y con la toca de sus virtudes, limpiaron el polvo de sus ligeros extravíos.
Abundaron los trovadores, que de un lado y de otro de las veneradas imágenes, lanzaron al aire, a guisa de saeta, los quintetos que al nuevo navegador, dedicaron los poetas romanceros.
Ni faltó la Guardia Civil dando escolta a los pasos, principalmente al Ecce Homo y a la Soledad, y hubo personas de ambos sexos que quemaron la más blanca cera de sus velas y hachones en honor del "Mártir del Gólgota".
Y niños y niñas simulando ángeles que llevaban en ricas bandejas la corona, clavos, esponja, lanza y demás trofeos de la dolorosa pasión del divino crucificado. Jamás los hijos de Cogeces del Monte regatearon su dinero para pagar predicadores de fama y celosos misioneros que llevaron a cabo los oficios de Semana Santa. Niños y niñas, las tinieblas hoy en buena hora suprimidas por el grave abuso de algunos, constituían el programa de las ceremonias. Niños y adolescentes con sus tradicionales y a veces descomunales carracas hacían el ruido y las autoridades y mayordomo ocupaban los primeros puestos en los bancos de la Iglesia.
Las limosnas voluntarias, que los fieles ofrecían en los cabildos que se celebraban, consistían en trigo, aceite y cera. Se hacía cargo de ellas el mayordomo para sufragar los gastos de todo el año que eran cuantiosos como cuantiosas eran las referidas limosnas ofrecidas y depositadas. Recuerdo perfectamente que un año, sólo por velar y guardar el monumento, valió diez fanegas de trigo y así sucesivamente, los demás pasos que salían a la procesión. Bendita costumbre que duró hasta los años de este siglo. De ello no queda más que el recuerdo, todo ha desaparecido, y solo quedan algunas rancias tradiciones. Lo que no se ha perdido ni ha desmerecido nada es el fervor religioso, la devoción y práctica a los divinos misterios, el ideal cristiano y el amor profundo a nuestras piadosas tradiciones. No soy yo, es un celoso misionero Rvdo Padre predicador quien dijo: "Llevo recorridos muchos pueblos y Cogeces del Monte es uno de los mejores en celebrar la Semana Santa en devoción, piedad, en buenas costumbres y en asistencia". Entre las buenas costumbres, siempre se destacó y sigue destacándose, la figura majestuosa de doce ancianos, que imitando a los doce pescadores, perpetúan la asombrosa ceremonia del Lavatorio de los pies el día de Jueves Santo. Muchos han rivalizado en disputarse este puesto de honor, en sentarse en el grupo de los apóstoles en el Cenáculo.
Actualmente la Semana Santa palpita en el Domingo de Ramos con una multitud de niños y niñas como blancas mariposas revoloteando alrededor de las palmas. Bendecidos los ramos por el celebrante, primero los reciben las autoridades y después se lanzan los niños y niñas en compacta fila con sus respectivos maestros y a continuación todo el pueblo fiel. Para todos hay ramos. En el momento de la procesión, la Plaza semejaba un campo de verdes ramas agitadas por el viento simulando la entrada triunfal del Hijo de David en la ingrata Jerusalén. Cuando yo iba a la escuela, y mucho después, también los niños nos congregábamos en ella con los maestros y marchábamos a la Iglesia precedidos por una cruz verde y cantando por las calles aquellos popularísimos versos de " Jesús que triunfante entró el domingo en Jerusalén" y esto se repetía en todos los actos divinos del Jueves y Viernes Santo. ¡Hermoso espectáculo!.
Los hombres se descubrían al paso de la Cruz y el ministro del Señor no comenzaba los cultos hasta que no llegaban los niños. Con la ineptitud de algunos maestros y la tolerancia de ciertas autoridades, estas piadosas costumbres fueron desapareciendo, y hoy, de ello ya no queda nada. Terminada la procesión de Ramos, da comienzo la misa y mientras el celebrante lee la Pasión del Señor por San Mateo, un seglar desde el púlpito la leía en voz alta y en castellano para todos los asistentes. Terminada la misa, sólo quedaba el Calvario por la tarde y el rezo del Santo Rosario. Martes y Miércoles Santo se ponía el monumento. Este emblema del Cenáculo para Cogeces siempre fue una preciosa maravilla y un lugar de respeto y acendrada devoción. Ante él se han postrado ricos y pobres, altos y bajos, grandes y pequeños, ancianos y niños, buenos y malos, porque también los malos en Semana Santa tienen actos de contrición. Ante el Monumento se ha derretido mucha cera, ha lucido mucho aceite, se han quemado cirios, se ha rezado mucho. Para mi pueblo, repito, el Monumento constituyó un poema de amor: en él ha sido expuesto el Santísimo y eso basta. En cuanto a la forma y piezas que lo integraban, algún día fue la admiración de todos; hoy el deterioro y la polilla han desfigurado su primitiva solidez y colorido, de tal forma, que desde el año 1951 hemos tenido que prescindir de él y sustituirle provisionalmente por otro que se basa en unas sábanas y colchas. Dicho monumento antiguo poseía doce escaleras en cuyo fondo verde y encarnado y con letras bien legibles se leía en latín las palabras de San Pablo: "Cristo se hizo hombre y obediente hasta la muerte y una muerte de cruz". Al uno y al otro lado de las escaleras había una barandilla color verde con una balaustrada torneada que servía para colocar velas o luces al Santísimo. Arriba, en las mencionadas escaleras, se apoyaba un arco de madera de color rosa y al remate del arco descansaba la Santa Faz, vulgarmente llamada la Cara de Dios o Divino Rostro con los atributos de la Pasión: escaleras, tenazas, martillo, esponja y corona de espinas, todo ello sobre una sábana blanca, símbolo de la Sábana Santa de la Verónica. En el centro del Monumento, sobre un sólido y grueso tablero, una mesa sobre la que se posaba la custodia dorada, donde se encerraba el Divino Prisionero expuesto a la veneración pública. Era cerrada la custodia con llave de oro y sobre ella, se colocaban las tres varas de la justicia, donde permanecían hasta el día de Pascua, en cuyo ofertorio de la misa, el sacerdote las distribuía entre la misma justicia.
Ambos laterales se veían rematados por dos lienzos de pincel desconocido, tamaño dos metros de alto por metro y medio de ancho. Figuraba en uno, el Ecce Homo, o sea, Jesús y Pilatos ante el balcón en el momento de ser expuesto a Barrabás; y en el otro, la flagelación o el Señor atado a la columna. Por fin, otros dos lienzos representaban en tamaño natural dos soldados de la guardia romana, vestidos a la usanza, con espada y lanza en actitud de guardar el sepulcro del Señor. 
Tales eran las piezas que constituían el antiguo Monumento, que tantos recuerdos nos dejó, porque ya no lo volveremos a ver puesto. Las horas divinas de los tres días del Jueves, Viernes, Sábado Santo.
Constituían, en el Jueves la misa por la mañana, Lavatorio de los pies por la tarde, con el sermón de Mandato, procesión y Hora Santa; por la noche a las 12 Calvario de Penitencia por las calles y nada más. Viernes temprano, el sermón de la Pasión, después los divinos oficios y por la tarde procesión, rosario y sermón de Soledad. Sábado, bendición del Cirio, misa, rosario y canto del Regina Celi. Así se celebraba en Cogeces del Monte la Semana Santa o Semana Mayor. Hoy todavía queda algo de lo antiguo.
Quiera Dios que tan laudable como piadosa costumbre, siga siendo para gloria suya y provecho de nuestra alma.



jueves, 29 de marzo de 2012

Canciones de Semana Santa

Acompaña a tu Dios, alma mía.

Actualmente se canta durante el Via Crucis del Viernes Santo.

1ª Estación: Jesús es condenado a muerte.

Acompaña a tu Dios, alma mía,
cual vil asesino llevado ante el juez;
y al autor de la vida contempla
por tí condenado a muerte cruel.

Dulce Redentor,
para mi era la pena de muerte.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.


Madre afligida, 

de pena hondo mar. 
logradnos la gracia 
de nunca pecar.


2ª Estación: Jesús carga con la Cruz
Con la cruz de tus culpas cargado,
exhausto de fuerza camina tu Dios.
y a subir la pendiente le impelen
por fuera sayones, por dentro tu amor. 

Dulce redentor,
mi pecado esos hombros oprime.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón. 

Madre afligida... 
3ª Estación: Jesús cae por primera vez
 
Con sus alas de nieve los ángeles,
pasmados de espanto cubrieron su faz;
bajo el tosco y pesado madero
en tierra caído su Dios al mirar.

Dulce Redentor,
por mis yerros caísteis en tierra,
ya lloro mis culpas y os pido perdón.
Madre afligida ...


4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre
Del Calvario subiendo a la cumbre
el Reo Divino a su Madre encontró;
y una espada de filos agudos
del Hijo y la Madre hirió el corazón. 

Dulce Redentor,
yo esa herida causé a vuestra Madre.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón. 

Madre afligida... 







5ª Estación: Simón cirineo ayuda a llevar la cruz

Porque al monte con vida llegase,
los duros escribas con saña infernal,
a Simón Cirineo alquilaron
que a Cristo ayudase la cruz a llevar.

Dulce Redentor,
yo también quiero ser Cirineo.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Madre afligida...

6ª Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Con ternura y piedad la Verónica,
el rostro sangriento de Cristo enjugó,
y en tres pliegues del lienzo por premio
gravada la imagen llevó del Señor.

Dulce Redentor,
En mi pecho gravad vuestra imagen.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón 

Madre afligida...

7ª Estación: Jesús cae por segunda vez

Otra vez el Señor de los cielos
volvió fatigado el polvo a besar,
y otra vez los esbirros crueles
en Él desfogaron su ira y crueldad. 

Dulce Redentor,
nunca más caeré ya en pecado.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Madre afligida...

8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres

Vió Jesús que unas cuantas mujeres,
movidas de lástima lloraban por Él,
y les dijo: Llorad por vosotras
piadosas mujeres, por Mi no lloréis. 

Dulce redentor,
vuestras penas taladran mi pecho.
Yo lloro mis culpas y os pido perdón. 

Madre afligida...

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

Con sus duras caídas, cristiano,
las tuyas pretende Jesús resarcir.
A tu Dios por tercera vez mira
de polvo y de sangra cubierto por ti. 

Dulce redentor,
vuestro amor del infierno me libre.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Madre afligida...

10ª Estación: Jesús despojado de sus vestiduras.

Con furor los vestidos quitaron,
del Monte en la cumbre al paciente Jesús,
y por no iluminar tanta afrenta,
las puras estrellas negaron su luz. 

Dulce Redentor,
ya no más liviandad ni impureza.
Ya lloro mis culpéis y os pido perdón.

Madre afligida...

11ª Estación: Jesús es crucificado.

Ya, alma mía, en la cruz duro lecho,
sus miembros sagrados extienden tu Bien;
y con clavos agudos taladran
los viles soldados sus manos y pies. 

Dulce Redentor,
yo esos clavos clavé en vuestros miembros
ya lloro mis culpas y os pido, perdón.

Madre afligida...

12ª Estación: Jesús muere en la cruz

Tiembla el orbe y el sol se obscurece
al ver en un palo expirar a su Dios.
Rompe en llanto también tú, alma mía,
pensando que muere Jesús por tu amor.

Dulce Redentor
mis pecados os dieron la muerte,
Ya lloro mis culpas y os pido perdón 

Madre afligida...


13ª Estación El cuerpo de Cristo es bajado de la cruz

De Jesús el cadáver sagrado,
Maria en sus brazos llorando tomó;
y con voz dolorosa decía;
¿Quién, muerte te ha dado, mi Bien y mi Amor?

Dulce Redentor,
respondedle que aquí está el culpable.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón. 

Madre afligida...

14ª Estación: Jesús es sepultado

En un frío y profundo sepulcro,
los restos sagrados guardáronse ya;
Triste Madre, cuán sola te quedas;
seré yo el consuelo de tu soledad.

Dulce Redentor,
yo a la Madre privé de su Hijo.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón

Madre afligida...





A mi abuela

lunes, 12 de marzo de 2012

BODA TRADICIONAL (I)



LA BENDICIÓN DE LOS NOVIOS

Una costumbre llena de emociones, sentimientos y ritualidad, ligada a la boda y el significado de salida de la casa paterna para emprender una nueva vida, era la de la bendición de la novia y del novio en la casa de los padres.

Una vez preparados para salir a casarse, cada uno en la casa familiar, se preparaba una almohada dispuesta en el suelo sobre la que el hijo o hija se arrodillaba. El padre y la madre bendecían a aquel hijo o hija haciéndole sobre la cabeza o la frente la señal de la cruz y rezando una pequeña oración. Parece ser, según Bea y Milagros Molpeceres que era una costumbre bien extendida y que existía una fórmula rezada que rezaba así: Despídete niña de la casa de tus padres que es el último día de soltera/doncella de ella sales.
Salida de Rosa Aragón de casa junto con su padre Emiliano
Fotografía cedida por José María Sacristán
Pocas personas recuerdan esta costumbre hoy desaparecida que a nsotros nos ha trasmitido Beatriz Arribas (Lupinia) recordando la boda de uno de sus hermanos.

Consuelo Escribano Velasco

martes, 28 de febrero de 2012

EL "OTRO" NIÑO DE LA VIRGEN DE LA ARMEDILLA

Esta curiosa talla está expuesta en la vitrina de la sacristía de nuestra iglesia parroquial. Tal vez, debido a su pequeño tamaño, pasa desapercibida a los visitantes. El hecho de que a día de hoy lo conserve la parroquia se debe a que durante varios siglos fue el Niño Jesús visible de la Virgen de la Armedilla, la cual, a partir del XVII o XVIII, debido al gusto estético de la época, fue notablemente transformada para convertirse en imagen de vestir. El Niño en Majestad que porta sobre sus piernas fue parcialmente retirado y ocultado, y en su sustitución se colocó esta imagen. No es un caso aislado, pues ocurre con numerosas tallas que debido a los gustos y modas del momento, reciben este tipo de arreglos. El niño está pintado de negro, al igual que el rostro de la Virgen y las manos de ésta, es probable que se deba a que al pertenecer el monasterio a la Orden de San Jerónimo, los monjes desearan que su imagen se pareciera a su patrona de Cáceres, Nuestra Señora de Guadalupe. 

Este Niño Jesús se realizó en la ciudad belga de Malinas a principios del siglo XVI. El echo de que realizara en esta ciudad se debe a que tenía unos talleres de producción de imaginería religiosa en pequeño formato, especialmente para las devociones privadas, como es esta hacia el Niño Jesús, o el Niño de la Bola como es también conocido. Este tipo de piezas llegaban a Medina del Campo en grandes cantidades, debido al contacto que existía con los Países Bajos; en realidad era un buen negocio para los comerciantes, ya que eran piezas muy demandadas por su bajo coste y fácil transporte.

Esta imagen es una talla estilizada, con un ligero contraposto que le da cierta gracia destacando el vientre saliente, las piernas rollizas y los glúteos contraídos y estereotipados. Su brazo derecho se extiende para bendecir, aunque actualmente no conserva la mano; y en la mano izquierda, desaparecida, llevaba una bola que representa el mundo. Destaca su rostro, con ojos achinados, la frente despejada y abombada y la zona de la boca porque sigue el estilo de las imágenes malinesas. Conserva también la corona de plata sobredorada en la cabeza que sigue el mismo esquema que la de la Virgen pero sin el resplandor.

Miguel Herguedas Vela
Taller de Malinas
Niño Jesús s. XVI

lunes, 20 de febrero de 2012

LA TALLA DE LA VIRGEN DE LA ARMEDILLA

La imagen románica de la Virgen de la Armedilla es una talla en madera de estilo románico. La veneración de esta imagen de Santa María se retrotrae al menos al siglo XII, época en la que se reorganiza el territorio por el reino cristiano de León. Sin embargo la leyenda cuenta que la imagen fué hallada en una cueva escondida de los moros, una noticia que ya en el siglo XVI recoge el Padre Sigüenza. La parte mágica de la leyenda, siendo preciosa, no es más que una de las muchas del imaginario colectivo. La imagen que conocemos nunca pudo ser escondida de los moros, pues la amenaza del califato en esta zona se había producido mas de doscientos años antes de que se tallara esta imagen.

Representa una virgen típicamente románica: enigmática, mayestática, milagrera y sujeto de devoción popular, un fenómeno enormemente extendido durante la Plena Edad Media. La virgen, en el Románico, es Santa María, un trono (Kyriotissa), una intercesora entre los hombres y Dios; es por eso que aparece siempre sentada, con su hijo en el regazo representado como un adulto casi anciano, imagen de sabiduría y conocimiento. No existe una conexión amorosa con el hijo, que veremos más tarde en el gótico, sino que son dos personajes frontales, hieráticos y rígidos.

La imagen venerada en la Armedilla está tallada en madera y es practicamente una imagen de bulto redondo, salvo en la zona trasera que fué ahuecada para aligerar su peso y que estuvo pensada para apoyarse en una pared o un otro tipo de soporte, no siendo visible nada más que desde el frente o los lados.

Su precaria conservación hizo que se propusiera una restauración que recuperara la policromía original y eliminara la presencia de carcoma, sales, humedad, etc.

Hoy es visible tanto su soporte de madera tallado, como el lienzo sobre el que se tendió el yeso para pintar la imagen.

Las modificaciones que fueron imponiéndose con los siglos en el propio concepto de María hicieron que en el siglo XVII se convirtiera en una imagen de vestir sufriendo la amputación de sus manos originales.

En la parroquial de Cogeces del Monte se conservan las manos postizas, así como una imagen diferente del niño Jesús y los mantos de esta nueva imagen vestidera. De todo ello versa un trabajo de investigación puesto en marcha y del que se dará cuenta en una breve exposición.

Consuelo Escribano
TALLA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ARMEDILLA
Finales del siglo XII
Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora
Cogeces del Monte

martes, 7 de febrero de 2012

LOS ERRORES DIVULGATIVOS Y EL CASTRO DE LA PLAZA

La función de los paneles divulgativos es la difusión de datos interesantes que deberían ser veraces. Sorprendente es encontrar algo tan falto de la más elemental coherencia como que en Cogeces del Monte hay un castro de la Edad del Hierro. El lugar conocido en la toponimia cogezana como CASTRO DE LA PLAZA, es un lugar ocupado durante la fase media de la Edad del Bronce, entre el 1550 y 1250, según las dataciones clásicas (mil años antes de que el Hierro se impusiera en el territorio) y probablemente no es un castro, sensu estricto, sino un lugar simbólico donde los habitantes del valle dispersos y diseminados en aldeas se reunían, constituyendo el amurallamiento (hoy desaparecido) una obra que explica una cierta cohesión social y la existencia de jerarquías. 

Este es un error repetido hasta la saciedad. De hecho aún se sigue repitiendo en los paneles, como el nuevo instalado en la senda miconatural, pero también se menciona en publicaciones de credibilidad histórica dudosísima,en las visitas guiadas de Cuéllar se sigue hablando del castro de la Plaza como un lugar ocupado por indígenas vacceos, etc.

viernes, 3 de febrero de 2012

LA VIRGEN DEL ROSARIO DE COGECES DEL MONTE

Este tema tiene un trabajo extenso publicado en la revista ARCAMADRE 11 en Julio de 2010 que os invitamos a leer; pretende hacer una revaloración del retablo desde el punto de vista artístico y de la difusión cultural. Está basado principalmente en los estudios del historiador Fernando Collar de Cáceres y en las transcripciones que aparecen en el Catálogo Monumental. El retablo, que se encuentra en el lado de la epístola, es obra del escultor riosecano, de ascendencia flamenca, Pedro de Bolduque que lo realiza en el último decenio del siglo XVI. Las tallas ejemplifican perfectamente el sentimiento contrarreformita que el Concilio de Trento impuso sobre las imágenes religiosas, en las cuales prima sobre todo la temática, expresada de una forma sencilla y dejando de lado las expresiones con el fin de evitar las interpretaciones personales. Las tallas que realiza Pedro de Bolduque carecen de sentido emocional y están basadas en modelos italianos, principalmente de Miguel Ángel, no porque hubiera viajado a Italia sino porque la obra de éste magnífico artista se estaba difundiendo gracias a los grabados. 

Entre todas sus obras destaca el tipo de Virgen del Rosario que se difunde por la Villa y Tierra de Cuéllar y localidades de alrededor. La primera que se realiza, y la de mayor calidad, es la que se encuentra en el retablo de la epístola en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Bahabón, y siguiendo a esta realizó la que se encuentra en la iglesia de San Miguel de Cuéllar, siguiendo con las de la iglesia de la localidad de San Cristóbal de Cuéllar, y la titular del retablo lateral de Cogeces del Monte. El modelo fue tan famoso, que fue repetido por sus seguidores en las tallas de las Vírgenes de Vallelado y Escarabajosa de Cuéllar así como en varias iglesias del obispado de Segovia. 

La Virgen del Rosario de Cogeces sigue el mismo modelo que la de la iglesia de San Miguel de Cuéllar. El canon de esta imagen tiene la monumentalidad de Juan de Juni, destaca su interés por la simetría, la agitación del manto y los numerosos plegados y circunvoluciones que crean efectos de claroscuro. La mano izquierda está levantada agarrando un ramo de de rosas y en la derecha sosteniendo al Niño Jesús. El rostro de ambos refleja la austeridad que impone la Contrarreforma en las imágenes religiosas con esa frontalidad y rigidez. Es curioso como los artistas repiten un mismo modelo de rostro, en este caso, Pedro de Bolduque se basa en un rectángulo para representar las finas facciones de la cara. También en los niños, tanto el de la Virgen del Rosario como los que realiza para otros conjuntos tienen un dinámico contraposto que contribuye a animar este tipo de figuras tan solemnes. 

Pedro de Boduque
Nuestra Señora del Rosario
h. 1594
Cogeces del Monte
Foto: Archivo Parroquial


Este retablo de Nuestra Señora del Rosario muestra el cambio de formas existentes entre el Renacimiento y el nuevo estilo que caracteriza al siglo XVII, el Barroco. Además gracias a la información que el artista nos dejó se puede avanzar en el conocimiento de la autoría del retablo mayor de la iglesia parroquial, mostrando además el movimiento artístico existente en la Villa y Tierra y sus contactos con los lugares más prolíficos y de vanguardia del momento en Castilla. Este retablo contribuía a la decoración de un templo de amplias dimensiones, gracias a la solemnidad que emite su estructura y por esos estofados y policromados que presentan las imágenes que lo forman. Sin duda fue concebido para fomentar entre los fieles el fervor religioso del Rosario y contribuyendo así a la formación religiosa, de hecho, en Cogeces había una cofradía del Rosario, cuyas actas comienzan en el segundo cuarto del siglo XVII y se extingue ya avanzado el siglo XIX, de ella se conservan las varas de los presidentes en la sacristía. 

Bibliografía:

COLLAR DE CÁCERES. Fernando, “Sobre Pedro Bolduque”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte (U.A.M.). Vol. XI, 1999. pp. 101-128.

HERGUEDAS VELA, Miguel, "El Retablo de Nuestra Señora del Rosario de Cogeces del Monte obra de Pedro de Bolduque", Arcamadre, 11, Cogeces del Monte, Julio de 2010.

VALDIVIESO, Enrique, Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid, Tomo VIII, Antiguo Partido Judicial de Peñafiel, Diputación de Valladolid, 1975. pp. 59-76.

VELASCO BAYÓN, Balbino (O. C.), Historia de Cuéllar, Diputación Provincial de Segovia, 3ª ed., Segovia, 1988. pp. 262-267.


Miguel Herguedas Vela